Expediente Clínico Electrónico e Interoperabilidad en la Salud de México: Una Infraestructura en Construcción
Qué es el Expediente Clínico Electrónico, qué establece la NOM-024 y el decreto de 2026, cómo avanza la interoperabilidad HL7 FHIR en México y qué puede construirse desde el IMSS y el COSADIM.

Por qué el historial médico importa tanto como el medicamento
Cada vez que un paciente cruza de una institución de salud a otra: del IMSS al ISSSTE, de un hospital público a una clínica privada, del centro de salud de la Secretaría al hospital de tercer nivel, lleva consigo algo invisible pero decisivo: el relato de su cuerpo. Si ese relato no viaja, el médico que lo recibe trabaja en oscuridad. Prescribe sin saber qué ya se prescribió; solicita laboratorios que ya se tomaron; ignora alergias que otro expediente registró.
La pregunta que organiza la política de salud digital en México no es, en esencia, tecnológica. Es de gobernanza: a quién pertenece la información clínica, quién es responsable de que esté disponible donde se necesita y bajo qué reglas se protege la privacidad del paciente.
Qué es el Expediente Clínico Electrónico
El Expediente Clínico Electrónico (ECE) es la versión digital del registro médico de un paciente: consultas, diagnósticos, tratamientos, resultados de laboratorio, medicamentos, alergias, vacunas y cualquier otro dato relevante para su atención. En su versión más básica, sustituye el papel. En su versión más ambiciosa, es una plataforma interoperable que permite a cualquier prestador de servicios de salud acceder al historial completo en tiempo real, con la autorización del paciente.
La NOM-024-SSA3-2012: Sistemas de información de registro electrónico para la salud es el marco normativo vigente que establece los requisitos funcionales, técnicos y de seguridad que deben cumplir los sistemas de información de registro electrónico. Define los datos mínimos que debe contener un ECE, los estándares de codificación aplicables (HL7, SNOMED CT, entre otros) y los mecanismos de intercambio de información entre instituciones.
La norma fue publicada en 2012 y lleva más de una década orientando la digitalización del sector salud mexicano. Su aplicación ha sido desigual: las grandes instituciones del sistema de seguridad social avanzaron en la adopción de sistemas propietarios, pero la interoperabilidad entre ellas (que es el objetivo real de la política) quedó rezagada. La razón no es técnica. Es organizacional: cada institución digitalizó hacia adentro, sin suficiente incentivo para conectarse hacia afuera.
El marco legal de 2026: un punto de inflexión
El Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley General de Salud, publicado el 15 de enero de 2026, establece disposiciones que refuerzan la obligatoriedad del ECE tanto para el sector público como para el privado, y habilita la construcción de un expediente universal que trascienda las fronteras institucionales. Es el instrumento legal que convierte lo que antes era una aspiración normativa en una obligación con base jurídica.
Este movimiento legislativo llega en un contexto en que el IMSS ya había identificado su plataforma propia como el punto de partida lógico para escalar hacia un sistema nacional. Zoé Robledo, director general del IMSS, declaró que el "Expediente Clínico Electrónico del IMSS será el origen para construir un sistema universal que resguarde el historial médico de toda la población". La declaración señala una dirección estratégica clara: en lugar de construir desde cero una infraestructura nueva, escalar la existente hacia el resto del sistema de salud.
Un elemento adicional del panorama es la credencial sanitaria única con expediente electrónico integrado. Según información disponible sobre el lanzamiento de la credencial sanitaria única, México ha avanzado en un instrumento que vincula la identidad del ciudadano con su historial médico digital, lo que resuelve parcialmente uno de los problemas de fondo: saber con certeza a quién corresponde cada expediente en un sistema con múltiples registros paralelos.
La brecha de la interoperabilidad
Contar con ECE en cada institución no equivale a tener un sistema de salud digital integrado. El paso decisivo es la interoperabilidad: la capacidad de que sistemas distintos puedan intercambiar información de manera comprensible para todas las partes involucradas. Un ECE en el IMSS y uno en el ISSSTE que no se comunican entre sí son, en la práctica, dos silos separados. La duplicación de estudios, la pérdida de historial y los errores derivados de información incompleta persisten.
Un análisis publicado en Salud Pública de México sobre el estado de las TIC en el sector público del Sistema de Salud de México documenta que las principales barreras no son técnicas sino de coordinación institucional y gobernanza: distintas instituciones con distintos sistemas, distintos catálogos de diagnósticos y distintas prioridades presupuestales. Los sistemas existen; el problema es que no conversan.
El estándar internacional que más tracción ha ganado para resolver este problema es HL7 FHIR (Fast Healthcare Interoperability Resources). FHIR permite el intercambio de datos clínicos mediante APIs web, de modo que cada institución puede mantener su sistema interno mientras expone datos en un formato universal. El análisis sobre el estado de adopción del estándar HL7/FHIR en México muestra que algunas instituciones de gran tamaño han iniciado proyectos piloto con este estándar, pero el grueso de los prestadores de primer nivel permanece fuera de él.
Los catálogos de codificación representan una segunda capa del problema. SNOMED CT (Systematized Nomenclature of Medicine Clinical Terms) permite describir diagnósticos, procedimientos y hallazgos clínicos con una precisión que elimina ambigüedades entre sistemas. Su adopción en México es incipiente y requiere no solo la adquisición de licencias sino la formación de clínicos e ingenieros capaces de operar con la terminología en contextos de atención reales.
COSADIM y la arquitectura de la gobernanza digital
La respuesta institucional mexicana a la necesidad de coordinación se expresa en el COSADIM (Comité de Salud Digital de México), instancia que reúne a distintas instituciones del sector para acordar estándares y prioridades de digitalización. Según el análisis publicado por GS1 México sobre la salud digital en México, la interoperabilidad y el COSADIM, el comité ha avanzado en la definición de una hoja de ruta que incluye la adopción de HL7 FHIR como estándar de intercambio y la armonización de catálogos entre instituciones.
El COSADIM opera en una intersección compleja: necesita generar acuerdos entre actores con culturas organizacionales distintas, presupuestos asimétricos e incentivos que no siempre convergen. El sector privado tiene capacidad de inversión tecnológica pero escasos incentivos para abrir sus sistemas a la interoperabilidad, que puede percibirse como pérdida de ventaja competitiva. El sector público tiene mandato legal pero enfrenta restricciones presupuestales y escasez de personal especializado en salud digital.
La arquitectura que México necesita no es un sistema único y centralizado (modelo que presenta riesgos propios de concentración y dependencia de un solo proveedor) sino una federación de sistemas que comparten datos bajo protocolos comunes. El modelo FHIR apunta precisamente a eso: cada institución mantiene su sistema, pero todos hablan el mismo idioma cuando intercambian información clínica.
El referente internacional
La experiencia de otros países ofrece lecciones concretas. Brasil avanzó con la Rede Nacional de Dados em Saúde (RNDS), que implementa HL7 FHIR como estándar de intercambio y ha logrado conectar laboratorios, hospitales y el sistema de vacunación en una plataforma común. España consolidó la Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud, que permite que un médico en Cataluña acceda al historial de un paciente atendido en Andalucía. Ambos casos tomaron más de una década en consolidarse y requirieron reformas legales, inversión sostenida y una instancia de gobernanza con autoridad real sobre los estándares.
El denominador común de los casos exitosos es la combinación de tres elementos: mandato legal, gobernanza técnica autónoma y financiamiento predecible. Ninguno de los tres es suficiente por sí solo. La ley sin gobernanza produce obligaciones sin mecanismos de cumplimiento. La gobernanza sin ley produce recomendaciones que nadie sigue cuando hay costo. El financiamiento sin mandato produce islas bien equipadas pero desconectadas.
Lo que México puede construir
El momento actual ofrece condiciones favorables para dar pasos concretos. La reforma legal de enero de 2026 provee el mandato jurídico. El IMSS aporta la infraestructura más madura del país como punto de partida verificado. El COSADIM tiene el mandato de gobernanza técnica. Y el estándar FHIR ofrece una ruta de implementación probada en múltiples sistemas de salud internacionales.
Un primer paso concreto y de alto impacto es la publicación de un perfil nacional FHIR: un conjunto de especificaciones que adapten el estándar internacional al contexto mexicano, con sus catálogos propios (CIE-10 localizado, SNOMED en español), identificadores nacionales y flujos de trabajo institucionales. Este perfil funcionaría como el idioma común que todos los actores deben hablar antes de que la interoperabilidad sea técnicamente posible a escala.
Un segundo movimiento estratégico es la creación de un laboratorio de interoperabilidad, físico o virtual, donde instituciones públicas y privadas puedan probar la conexión de sus sistemas antes de que la obligatoriedad entre en vigor con plenas consecuencias. Los entornos de prueba reducen el costo del cumplimiento porque permiten detectar incompatibilidades antes de que afecten pacientes reales.
Finalmente, la agenda de salud digital requiere una estrategia explícita de formación de talento especializado: ingenieros de salud, terminólogos clínicos, gestores de datos con formación en privacidad y seguridad de información médica. La tecnología está disponible; la brecha principal es de personas que sepan operarla en el contexto institucional mexicano, con sus particularidades legales, organizacionales y presupuestales.
El Expediente Clínico Electrónico no es un fin en sí mismo. Es la condición de posibilidad de un sistema de salud que aprende: que puede rastrear qué tratamientos funcionan en qué poblaciones, anticipar brotes epidemiológicos, asignar recursos donde se necesitan y, en última instancia, atender a cada paciente con la información completa de su historia clínica. La infraestructura ya comenzó a construirse. El desafío ahora es de estándares, coordinación y voluntad institucional sostenida.
Fuentes:
- https://sidof.segob.gob.mx/notas/5778298
- https://platiica.economia.gob.mx/normalizacion/nom-024-ssa3-2012/
- https://www.imss.gob.mx/prensa/archivo/202411/067
- https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-62662020000100131
- https://saluddigital.com/big-data/estado-de-situacion-en-la-adopcion-del-estandar-hl7-fhir-en-mexico/
- https://blog.gs1mexico.org/salud-digital-mexico-cosadim-interoperabilidad
- https://u-gob.com/mexico-lanza-su-credencial-sanitaria-unica-con-expediente-electronico-integrado/
Fuentes
- Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley General de Salud (15 enero 2026)
- NOM-024-SSA3-2012: Sistemas de información de registro electrónico para la salud. Intercambio de información en salud
- Expediente Clínico Electrónico del IMSS será el origen para construir un sistema universal que resguarde el historial médico de toda la población: Zoé Robledo
- Las TIC en el sector público del Sistema de Salud de México: Avances y oportunidades
- Estado de situación en la adopción del estándar HL7/FHIR en México
- La Salud Digital en México: interoperabilidad, COSADIM y el futuro del sistema de salud
- México lanza su credencial sanitaria única con expediente electrónico integrado